Desnonament a Nou Barris

Posted on 29 Setembre 2011

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[Article publicat a la Revista R@mbla en llengua castellana]

Un altre desnonament més. Una altra casa buida, i una altra família sense recursos al carrer. Just un dia després que al programa “El matí de Catalunya Ràdio”, mantinguessin un estira-i-arronsa l’actual secretari de l’Habitatge de la Generalitat de Catalunya, el senyor Carles Sala, i l’ex conseller de Medi Ambient i Habitatge, el senyor Salvador Milà, sobre la quantitat de pisos de protecció oficial buits (o “en procés d’adjudicació”) a Catalunya. Just un dia després de l’encreuament d’acusacions, la notícia és que els desnonaments han deixat, en l’actualitat, de ser ‘notícia’: cinc famílies al carrer Sant Pau, una altra al barri de Sant Andreu…


A les nou del matí del dia 28 de setembre, irrompien en els baixos del carrer Marín, número 28 -després de trencar la porta amb un ariet-, els Mossos d’Esquadra, com “
una manada de caballos desbocados”. Gabriel, la seva dona i els seus fills menors eren dins, degut a que les cinc furgonetes d’antidisturbis havien arribant una hora abans, impedint portar als nens a l’escola. És la nova llei. Les escenes que es van viure no mereixen un altre qualificatiu que traumàtiques: homes uniformats com a màquines i alts com a castells, detenint i emmanillant a Gabriel que, en un inútil (però just) esforç per resistir-se, va ser immobilitzat pel coll; l’asfíxia li va fer perdre el món de vista, esvaint-se per uns instants. El seu fill d’onze anys, afligit d’epilèpsia, va sofrir un atac. Seguir descrivint l’ocorregut, innecessari.

Sense avís judicial previ, en una actuació que l’Associació 500×20 considera que persegueix evitar la solidaritat i resistència de les entitats que presten el seu suport a les famílies sota amenaça de desnonament, la de Gabriel va abandonar per la força el que ha estat la seva llar en els últims tres anys. Amb la finalitat de rendir comptes dels possibles danys físics soferts, els veïns de Nou Barris que van poder acudir al carrer Marín, van avisar al 061. L’ambulància va traslladar a l’Hospital de la Vall d’Hebron a Gabriel, que es trobava sota un lògic atac d’ansietat. Una veïna de les que va acudir a la trucada de socors, no va poder contenir la seva ràbia i davant els agents antidisturbis que franquejaven el portal de l’habitatge, els va recriminar: “Quina necessitat teníeu d’utilitzar la violència? Podríeu fer el vostre treball, però amb dignitat!”. 

L’ENTREVISTA, DOS DIES ABANS

A la llum dels esdeveniments ocorreguts dos dies abans de la seva realització, l’entrevista adquireix, d’una banda, el to d’una fatal profecia i, per un altre, el pàl·lid reflex d’una ingenuïtat desconfiada. L’entrevista a Gabriel es realitzà a on, en aquells dies, era el menjador de la seva casa. Un lloc a les penombres, malgrat que fora encara brillava la llum del dia. Les persianes sempre romanien baixades, en un gest per mantenir-se ocults. Sí, porque hay quien no le agrada que la gente esté de ‘okupa’… Lo ven como que no tenemos derecho a nada… Aunque hay de todo. Hay gente que lo ve bien, lo entiende, y gente que lo ve mal. Es como el chiste aquél: un hijo y un padre que iban montados en un burro. Y uno que los ve, les dice: “¡que lo estáis matando!”. Y se bajan. Entonces, al cabo del rato, otro les ve y les dice: “Seréis tontos, tenéis el burro y vais andando”. O sea, que hay opiniones para todo”, explica Gabriel. Sobre la taula, deixa un llibre que estudiava abans de la nostra arribada; el títol, “Preludio al Armaggedon: Una cronología de los hechos que precederán a la última batalla en el mundo”.

¿Cuál era la situación antes de que entrarais a vivir aquí?

Este piso estuvo cerrado, vacío, durante seis años. Nosotros vivíamos con mi suegra y hay un refrán que dice “quien se casa, casa quiere”. Tengo tres hijos pequeños, a mi suegra le dio una parálisis: cuando ve mucho alboroto, no lo puede llevar. Este piso estaba cerrado hace ya tiempo y optamos por entrar. Se metió bastante gente en esta finca, y me dijeron que este piso estaba medio abierto, y me dije: “Pues entremos”. Y ahora llevamos casi tres años.

¿Cómo entraron? ¿De patada en la puerta?

No rompimos la cerradura ni mucho menos. Fue con una tarjeta que abrimos la puerta.

¿Y en el piso había vivido alguien alguna vez o estaba por estrenar?

No, no había vivido nadie. Este piso lo tenían preparado para gente necesitada, o sea que no se lo daban a nadie porque decían que… Este año nos ha pasado de todo.

¿Y el propietario del piso quién es?

ADIGSA.

En estos tres años, ¿cuándo recibisteis noticias de ADIGSA?

A los siete u ocho meses. Nos mandaron un par de cartas, con toda la documentación del piso conforme teníamos que pagar unos 150 euros, que era lo que se pagaba según lo estipulado en alquiler. Fuimos a pagar y nos lo denegaron. No quisieron.

Les envían los papeles explicándoles que deben pagar esa cantidad de dinero en concepto de alquiler, y cuando fueron a pagar…

Nos lo rechazaron.

¿Qué sentido tiene eso?

Nada. Nos cobraron 500 euros, porque decían que la puerta o no sé… Y yo les decía que no habíamos roto nada. No hemos hecho nada. Bueno, pues esos 500 euros se los quedaron ellos.

¿Tiene los recibos?

Creo que sí, que los entré por el banco. Y no nos negábamos a pagar… Pero no nos lo admiten. Dos veces hemos ido a ADIGSA y nada… Yo les dije: “Miren, sé que este piso no es mío. No me pertenece. Por lo tanto, denme otra opción, pero no me dejen en la calle. Denme sitio donde quieran ustedes, en Barcelona o dónde sea. Una casa de segunda o tercera mano, que a mi no se me caen los anillos por arreglar una casa. Pero no me dejen en la calle, por favor, que yo sé que ustedes tienen casa por todos los lados”. Ellos dicen que estamos en precariedad. Que no tenemos opción ninguna. Hemos echado la solicitud en el Habitatge durante cinco años, llevamos la documentación del niño de 11 años que está enfermo (le dan ataques de epilepsia),… Durante un año llevando papeles… No se sabe cuántos papeles hemos podido llevar…

Y nos dijeron que por menos de 500 o 600 euros, nada. Que no nos daban un piso.

No entiendo que si en esta finca los alquileres son de unos 150 euros, les pidan 600…

El Habitatge. Ahí nos dijeron en nuestra cara, que se reían, y que por menos de 500 o 600 euros, nada. Y yo: “Pero oiga, que el problema es éste… Que por 600 euros no hace falta que me lo dé usted, ya me lo busco yo por ahí… Y más barato…”.

¿Y los juicios?

Hicimos un juicio y le dijimos al juez que teníamos una orden de la Síndic de Greuges que nos daba la razón, que teníamos derecho a un piso de emergencia. Pero ya sabes que lo que dice la Síndic es papel mojado. Luego hicimos otro juicio. Y en el último, que hicieron un dictamen sin estar presentes; ni nos llamaron ni nada. Hicieron el juicio ellos; se lo guisaron y se lo comieron, como se dice vulgarmente. No nos llamaron para nada. fue la abogada de oficio que no nos defendió nada. La abogada nos llamó por teléfono y nos dijo de todo menos bonitos. Con abogados así, prefiero tener enemigos, oiga. Yo creo que la untaron, porque otra cosa… Nos dijo: “Es que tienen que salir del piso, porque el piso no es de ustedes”…

¿Eso le decía la abogada?

Sí. y digo: “pero bueno, ¿no estás para defenderme? No me has llamado para ir al juicio, y después de cuatro o cinco meses, ¿me llamas para decirme esto, que yo me salga del piso? Vete tú debajo de un puente, porque yo tengo tres hijos y no tengo que irme, como hace cincuenta años, aunque sea gitano, debajo de un puente. No, no estamos en esa ley. Ni estoy en un país tercermundista. Creo que estoy en un país democrático”.

No le llamaron al juicio…

No, no, no nos llamaron. Para nada. Entonces se lo expliqué a ADIGSA, cuando vinieron aquí con cuatro o cinco furgonetas de esas grandes grandes de los mossos d’esquadra. Pensé: “Vaaale, que esto es la guerra… Venga, que somos terroristas”. Como terroristas nos trataron.

Con todo ese despliegue, y no consiguieron sacaros.

No. Nos dijeron: “Que vengan los que están metidos en el piso”. Y les dije que hasta que no vinieran los dirigentes, nada. Llamé a los de la asociación de 500×20, y me acompañaron. Y le dije a ADIGSA que la abogada no nos había avisado antes del juicio, y había hecho un dictamen sin estar nosotros presentes. ADIGSA cogió y se marchó. Y de esto hace unos cinco meses.

Y estamos esperando que vuelvan con otra orden, y a ver qué pasa. Dicen ahora que a uno de la Generalitat se le ha escapado de las manos lo de tener tantos pisos cerrados. Claro, si usted este piso lo tiene tabicado -como hay dos o tres pisos en esta finca-, tiene que pagar por tenerlo ahí vacío. Si hubiera gente viviendo, pagaban a ADIGSA y listos. Pero ahora han hecho la cuenta de los pisos vacíos que tienen, y claro, no pueden.

Un momento: ¿has cambiado de abogado?

Sí, estamos con José de 500×20, que es el que ahora nos lo lleva todo.

¿Cómo valora la ayuda de 500×20?

Hubo uno aquí de Verdum que, al vernos así y sin saber a dónde acogernos, nos presentó al Salva y a todos los demás de 500×20. Y la verdad es que estamos muy agradecidos a todos ellos, porque han estado con nosotros. Cuando pasa cualquier cosa, ya nos están llamando. Si hay algún desahucio, allá estamos para apoyarles.

¿Cuentan con algún plan B, o si les echan de aquí se van a la calle?

Que va. A la calle. Y lo peor de esto, es que nada más que nos echan a la calle, ya está ahí la furgoneta de la DGAIA (Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència) para llevarse a mis hijos… Como a un señor de L’Hospitalet, que le quitaron el piso, se suicidó el hombre y a los pocos días a la mujer le quitaron los hijos. Y yo me pregunto. ¿esa mujer como ha de estar? Destrozada. Yo no lo entiendo. Esto es la ley del embudo. Dicen que estamos muy adelantados, y yo creo que no: que vamos para atrás como el cangrejo.

Los muebles, ¿son vuestros?

Sí. Pero si nos echan, los dejaremos. ¿Dónde nos los vamos a llevar?

Desde la última orden de desalojo, ¿habéis recibido alguna noticia?

No.

¿Y por qué teméis que algo va ocurrir en un corto plazo?

 

Es que como lo han hecho ya dos o tres veces, pues ya tenemos base y conocimiento de lo que pasa, cómo se mueven, y entonces… Yo creo que están haciendo otra estrategia, por así decirlo: si en estos dos intentos de desahucios no han podido, van a intentar hacerlo de otra manera… No lo sé… Así es…

No creo que haya otra forma…

La ley es lo que estaban haciendo. Si quieren saltarse la ley allá que te va a la bartola, eso es otra cosa.

¿A la bartola quiere decir entrar a la fuerza y sacaros a rastras?

Sí.

Bueno… Y dígame, ¿puede quedarse la casa vacía, o si sale su mujer se debe quedar usted y al revés?

Mi mujer siempre se queda en casa. Los niños van aquí cerca al colegio. Yo me voy a trabajar. Y si pasa algo, ya me está llamando y vengo de seguida. Este es el sistema.

Pero el otro día les vi a los dos en la acción en el Incasòl

Estaba mi cuñada en casa.

Ah.

Ha habido noches que a las 3 y a las 4 de la mañana, me he levantado y me he sentado en el sofá a darle vueltas a la cabeza. Es una amargura. En serio. El día que Dios quiera que nos den algo, ese día descansaremos. Porque el estrés con que vivimos a nadie se lo deseo. El primer año mi mujer no hacía más que llorar… Se quedó que no era persona de tanto llorar.

¿Usted cómo se gana la vida?

Con la venta ambulante. Vendo ropa. Ya tengo, gracias a Dios, clientela de muchos años y muy buena, y ahí estamos… Cuando falto, ya me están preguntando todos.

Y si tuvieran un alquiler de 200 euros, usted con sus ingresos ¿lo podría asumir?

Sí.

Si le cobraran el alquiler al precio que estipulan los papeles, usted podría pagar y vivirían tranquilos.

No habría problema. Nosotros, gracias a Dios, somos gente evangélica. Tres tardes a la semana vamos a la iglesia, no nos metemos con nadie. No somos gente conflictiva, no somos gente mala. Cuando entramos aquí, dijeron: “¡Gitanos!”. Es como si estuviera la ficha ahí de “ostras, ya están aquí”. Claro, ahora ya se han bajado un poquito del burro, diciendo pues no era lo que nosotros pensábamos”. Es que hay gitanos y gitanos…

Y payos y payos…

…Ahora ya te van mirando de otra manera. Pero cuando entramos… Madre mía…

El día en que pase la pesadilla -que llegara ese día- y puedan vivir tranquilos, ¿cómo lo piensan celebrar?

Emborracharnos no, porque nosotros… “Bebed hasta saciaros pero no hasta embriagaros”…

Eso es coger el puntillo, ¿no?

Llamaré a los de 500×20, cogeré la guitarra y entonces a cantar.

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