El domador de fieras

Posted on 8 Febrer 2015

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XII raimundo alonso

raimundo alonso

organizadores

EL DOMADOR DE FIERAS

Cuando las puertas del vagón se abrieron, el abuelo se echó la mano con disimulo a la cartera, el niño notó como su madre le atraía hacia sí oprimiéndole en un gesto que se diría protector, el currelas levantó la vista del Marca no sin interés y, en suma, todo el mundo apartó la mirada de su teléfono móvil y la fijó en él. De pie, ya dentro del vagón, sonreía. Delgado, camisa blanca, corbata roja. Se le veía sano, seguro de sí mismo. Dormía bien por las noches.

– Buenas tardes, compañeros y compañeras. –El tono no era de quien pide limosna, más bien del que vacila en la barra de un bar-. Préstenme atención. Nada puede seguir por este camino. La casta nos desgasta, debemos decir “¡basta!”. “¡Consuman!”, nos impelen. Y con sumo desprecio nos exprimen. No bajen los brazos: nosotros, yo mismo, sin ustedes no sería nada. Quizá algo, pero no lo suficiente. No abandonen la lucha, no bajen los brazos, maldita sea. Pero deleguen, deleguen en mí. Sepan, compañeros y compañeras, que no les represento. Yo les mejoro. Soy mejor que la versión más esforzada y brillante que cada cual pueda mostrar jamás. He estudiado en Suiza, amigos y amigas. ¿El qué?, tal vez se pregunten. Comunicación, obtuve un título caro. Deleguen en mis palabras: sé hablar, sé hacer gestos. Nombraré las cosas para que su realidad se asemeje a lo que debiera ser. No importa que no entiendan, que no opinen, que no lleguen a saber. Yo les traduciré el premio y el castigo, tomaré las mejores decisiones para todos. Sólo deleguen. Recuerden: toda política que no esté hecha por mí, será hecha contra todos ustedes. Les amo. Recuerden eso también.

El metro se detenía en otra estación más, las puertas resoplaron al abrirse y luego al cerrar, y del cantamañanas ya no quedó ni rastro.  El abuelo respiró aliviado, hasta que notó el hueco de la ausencia de su cartera de piel. “Hijos de puta, ¡ya no esperan ni a llegar al gobierno para robar!”

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